Ser madre de acogida es una locura

by | Feb 28, 2023

Ser madre de acogida es una locura

Momma Kiki comparte su experiencia como nueva madre de acogida y lo que conlleva cuidar a niños que han pasado por más de lo que la mayoría pasaremos jamás.

By Mama Kiki

Traducción por Flor de María Oliva

Acoger – verbo

Dar refugio o albergue a alguien

Padres

Aquellos que velan por la seguridad y bienestar de los niños

Tomar la decisión de ser madre de acogida fue fácil, pero realmente serlo ha sido algo difícil y, sin embargo, jubiloso. Mi experiencia comenzó hace 14 meses mientras completaba el proceso de solicitud de ocho meses. Sí, leyó bien: ocho meses, casi tanto como toma el proceso de gestación de un niño. Cuando recibí mi licencia de madre de acogida me sentí emocionada y asustada a la vez. Y tan pronto me calmé con la idea de acoger niños, el teléfono empezó a sonar.

Viernes – 7:15 p.m.

Julie, asistente social: Hola, habla Julie del CYFD (Departamento de niños, jóvenes y familias, por sus siglas en inglés), tenemos un niño de siete años de edad que necesita un hogar. 

Momma Kiki, madre de acogida: Hola, Julie. Desafortunadamente, estoy fuera de la ciudad, entonces no puedo recibirlo. Lo siento.

Domingo – 2:43 p.m.

Julie: Hola, tenemos un niño de 16 años de edad que necesita acogida. 

Momma Kiki: Hola, soy soltera, de unos 30 años de edad y, como lo indiqué en mi solicitud, pienso que podría ser mejor para mí no acoger muchachos adolescentes en mi casa. Lo siento.

Martes – 10:30 a.m.

Julie: Hola, tenemos una niña de nueve años de edad que necesita que se le ubique con una familia aprobada por ICWA.

Momma Kiki: Hola, Julie, no estoy segura de lo que ICWA es; pero si es factible, puedo acogerla.

Julie: Bueno, ICWA son las siglas en inglés de la Ley de bienestar de niños indígenas, que busca ubicar a niños indígenas con familias indígenas.

Momma Kiki: Julie, desafortunadamente, no puedo acogerla puesto que no soy indígena.

Sábado – 1:23 p.m.

Julie: Hola, tenemos un niño de 14 años de edad que está por salir de su ubicación actual y necesita un nuevo hogar sin otros niños.

Momma Kiki: Hola, Julie, como lo mencioné antes, soy una mujer soltera de unos treinta años y pienso que sería mejor no acoger muchachos adolescentes.

Julie: Entendemos. Tenga paciencia, le encontraremos chicos compatibles.

Miércoles – 6:42 p.m.

Julie: Hola, tenemos una niña de 15 años de edad que necesita albergue 24 horas.

Momma Kiki: Hola, Julie: Puedo acogerla; ¿hay algo que debería yo saber sobre ella?

Julie: Sí; va a la escuela, le encanta dibujar y es un poquito tímida. También se le ha encontrado lesionándose, así es que por favor esconda cualquier objeto punzocortante.

Momma Kiki: Bueno, entiendo, gracias por la información.

Mi primer acogido vino ese miércoles a eso de las 8 p.m. Orian, que usa el pronombre ellos era dulce, callado y peculiar. Agradeció tanto que se le permitiera quedarse. Aunque se suponía que necesitaba albergue 24 horas, pasamos unas cortas 48 horas juntos, lo que se fue entre trabajo y escuela mayormente. Cuando concluyeron nuestros dos días, le conduje a la oficina del CYFD, donde esperamos a su madre. Al entrar, la madre saludó con la mano y preguntó si su chico estuvo bien portado conmigo. Antes de que yo pudiera responder, ella lo hizo por mí: “Seguro que lo estuvo. Se porta bien con otros, pero no conmigo”.

Se llevó a su chico y se fueron. Cuando llegué a casa, fui a limpiar el cuarto donde durmió Orian y encontré un autoretrato con el mensaje: “Gracias por dejar que me quedara aquí”.

Jueves, 21 de diciembre del 2021 – 8:42 p.m.

Julie: Hola, habla Julie del CYFD. Tenemos dos chicos, uno tiene nueve y el otro dos años de edad. Ahorita estamos en el hospital, pero quisiéramos saber si Ud. podría albergarlos esta noche.

Momma Kiki: Hola, Julie, ¿me puede decir por qué están en el hospital?

Julie: Bueno, el pequeño tiene una cortadura arriba del ojo, así es que lo tienen que chequear. Le podemos llevar al mayor ahora y le llevamos al pequeño en un ratito.

Momma Kiki: Bueno, está bien.

Al de nueve años de edad, que en realidad tenía siete, lo vinieron a dejar a eso de las 9:30 esa noche. Entró en silencio y era muy tímido. Me presenté y le pregunté si tenía hambre. Asintió con la cabeza. Antes de irse, los asistentes sociales indicaron que el hermano pequeño tuvo que ir al Hospital de Albuquerque y que lo traerían después. Asentí con la cabeza. Ahí estábamos, dos extraños sentados en mi sala, mirando una película infantil y comiendo sándwiches de queso a la plancha. Se dio un duchazo y se fue a acostar, sin decir mucho. Me quedé esperando, veía mi teléfono y me quedé dormida al pie de la cama mientras el chico dormía.

Viernes – 2:43 a.m.

Julie: Hola, Estamos regresando de Albuquerque. Deberíamos llegar a su casa en una media hora.

Momma Kiki: Colgué el teléfono.

Viernes – 3:24 a.m.

Momma Kiki: Llamaron a la puerta. Cuando la abrí, dos asistentes sociales entraron; uno llevaba al chico. Me lo dio y dijo que llamarían el día siguiente para darme más información y algunos recursos. Se fueron y yo llevé al chico al mismo dormitorio del hermano. Lo acosté en una cuna que tenía de cuando mi sobrina se quedó [aquí] unas semanas antes. Cuando lo acosté, me di cuenta de que olía a orines y basura, pero sabía que no sería bueno despertarlo.

Esa mañana, me desperté en el mismo cuarto, el chiquito lloraba por su mamá. Lo levanté y le dije que estaba seguro y que iba a estar bien. Su hermano mayor se despertó y le dio un abrazo. Ver a su hermano mayor lo calmó. Cuando bañé al de dos años, le quité capas de sucio y le limpié grumos enmarañados en el pelo. Lo vestí con piyamas nuevas que había comprado semanas antes en preparación. Eran un poco grandes, pero tendrían que funcionar. El pobrecito estaba tan asustado. No tomó agua por casi 24 horas y no comía nada. Sólo gemía y se quejaba, sin palabras.

Nos encaminamos a la oficina del CYFD antes de que cerraran el día siguiente. Tenían una mochila para los dos chicos, con dos juegos de ropa, piyamas, ropa interior, pañales y toallitas húmedas. Pusieron el asiento del carro y un elevador de asiento en mi carro para los chicos y me agradecieron por acogerlos. Antes de que nos regresáramos a mi casa, me mencionaron que los chicos tenía una hermana adolescente que todavía estaban tratando de localizar. Preguntaron si se podría quedar con los chicos una vez la encontraran. Sin más información, estuve de acuerdo.

Esa primera semana fue una confusión. Tuve que tomar una semana fuera del trabajo para poder cuidarles y averiguar adónde podrían ir la siguiente semana pues las escuelas tenían feriado. Con suerte para los chicos y para mí, ese fin de semana era Navidad y mi familia superó límites comprándoles ropa nueva, artículos para el hogar y juguetes. Fue un feriado maravilloso, pero después estaban un poco abrumados.Pasamos la siguiente semana en casa.


Viernes, 28 de diciembre del 2021 – 3:34 p.m.

Julie: Hola, pudimos localizar a la hermana de los chicos, estaba con su tía. Acordaron traerla a nuestra oficina; puede Ud. recogerla antes de que cerremos a las 5?

Momma Kiki: Sí, ahí estaremos.

Los chicos y yo caminamos a la oficina del CYFD y tomamos asiento. Como 20 minutos después, una joven adolescente que vestía pantalones de piyama entró cargando sus pertenencias en una bolsa negra de basura. Me presenté y ella apenas si levantó la cabeza. Cuando llegamos a casa, le mostré su cuarto y le indiqué que podía usar la ducha y que yo iba a prepararle algo de comer. Una hora más tarde le llevé comida a su cuarto y le avisé que íbamos a pasar el fin de semana en Pagosa Springs, en un viaje que ya estaba planeado. (Para su información, para poder sacar a niños de acogida fuera del estado, se necesita aprobación por escrito del CYFD).

Este fue el inicio de mi trayectoria como madre de acogida y me complace compartirlo con Ud. En la próxima edición seguiré mi relato.

Momma Kiki, madre de acogida, se crió en un hogar amoroso aquí en el norte de Nuevo México. Un hogar que abiertamente acogió a niños y adolescentes mientras la criaban. Aprendió de sus padres a cuidar de otros desinteresadamente. Ahora vive con su esposo y tres niños de acogida de 16, 8 y pronto 4 años de edad. Puede comunicarse con ella en el fostermommakiki@gmail.com.

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